Un pincho de tortilla, un botellín o un cortado en vaso. Si ahora mismo no sabes exactamente de qué hablo, tranquilo: en cuanto pises Madrid, estas palabras serán parte de tu vocabulario básico de supervivencia. Y no porque tengas que aprenderlas… sino porque te vas a ver usándolas, disfrutándolas y pidiéndolas como si llevaras años viviendo aquí. La ciudad tiene esa magia: te invita a entrar en sus bares, a apoyar un codo en la barra y a sentirte parte de la escena desde el primer brindis.
